
Los griegos sabían de todo porque el conocimiento y el tamaño del cerebro tenían una proporción directa respetable. Aún así ya había especializaciones en las ramas de sus preferencias y hubiera sido interesante presenciar una discusión entre Pitágoras y Demóstenes aunque se llevaran siglos de diferencia. El que quizá encontró la licuadora mágica fue aquél extra-terrestre de las afueras de Florencia, Leonardo se llamaba, y con qué genialidad supo combinar los ingredientes. Hoy debido a que el conocimiento es des-proporcional a la dimensión cerebral (dimensión, más no capacidad, pues esa hasta ahora es desconocida) las ramas de las especializaciones se siguen multi-furcando sin un límite específico.
Esto ni nada ha dejado que la eterna rivalidad entre ciencias y letras desaparezca. Y son solo los que se preocupan en opinar al respecto quienes agreden y son agredidos. A Paul Dirac cuando en una entrevista le preguntaron acerca de la poesía declaró: “en ciencia uno intenta decir a la gente, en una manera en que todos lo puedan entender, algo que nunca nadie supo antes. La poesía es exactamente lo contrario” Qué ganó, varios enemigos. Debería haber entendido que las cosas siempre terminan por juntarse sin que necesariamente lo queramos.
El Número Pi
El número Pi es digno de admiración
tres coma uno cuatro uno,
todas sus cifras siguientes también son iniciales,
cinco nueve dos, porque nunca se termina.
No permite abarcarlo con la mirada seis cinco tres cinco,
con un cálculo ocho nueve,
con la imaginación siete nueve
o en broma tres dos tres, es decir, por comparación
ocho cuatro seis con cualquier otra cosa
dos seis cuatro tres en el mundo.
La más larga serpiente después de varios metros se interrumpe.
Igualmente, aunque un poco más tarde, hacen las serpientes fabulosas.
El cortejo de cifras que forman el número Pi
no se detiene en el margen de un folio,
es capaz de prolongarse por la mesa, a través del aire,
a través del muro, de una hoja, del nido de un pájaro,
de las nubes, directamente al cielo
a través de la total hinchazón e inmensidad del cielo.
¡Oh, qué corta es la cola del cometa, como la de un ratón!
¡Qué frágil el rayo de la estrella que se encorva en cualquier espacio!
Pero aquí dos tres quince trescientos noventa
mi número de télefono, la talla de tu camisa,
año mil novecientos setenta y tres, sexto piso
número de habitantes, sesenta y cinco céntimos
la medida de la cadera, dos dedos, la charada y el código
en el que mi ruiseñor vuela y canta
y pide un comportamiento tranquilo,
también transcurren la tierra y el cielo
pero no el número Pi, éste no,
él es todavía un buen cinco,
no es un ocho cualquiera,
ni el último siete
metiendo prisa, oh, metiendo prisa a la perezosa eternidad
para la permanencia.
Wislawa Szymborska
Premio Nobel de Literatura 1996
Oda al número 0
Redonda negación, la nada existe
encerrada en tu círculo profundo
y ruedas derrotado por el mundo
que te dio la verdad que no quisiste.
Como una luna llena es tu figura
grabada en el papel a tinta y sueño.
Dueño de ti te niegas a ser dueño
de toda la extensión de la blancura.
Tu corazón inmóvil y vacío
ha perdido la sangre que no tuvo.
Es inútil segar donde no hubo
más que un cuerpo en el cuerpo sin baldío.
Redonda negación, redonda esencia
que no ha podido ser ni ha pretendido.
Sólo la nada sueña no haber sido
porque no ser es ser en tu existencia.
Enrique Morón
Poesía numérica
Porque no faltan beli.....3
que a estafar acostumbra..2
hacen con estos cuita.....2
el oficio de los bui......3
¡Cuántos chalecos fia.....2
y pantalones medi.........2
que luego han sido pedi...2
y nunca han sido paga.....2!
Es dura verdad, no arras..3
a decir que en ambos mun..2
hierven rencores profun...2
en contra de nuestros sas.3
Vienen a nuestros merca...2
baratísimos vesti.........2
por los franceses vendi...2
y por nosotros compra.....2
(Anónimo)
Anexo Ficcional - No Ficcional
¡Las Ciencias de la Comunicación dominan el mundo!
Portada de diario sensacionalista El Heraldo (abril “n”, año 2234).
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